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sábado, 25 de abril de 2015

Textos históricos. La desamortización de Mendizábal.

Vender la masa de bienes que han venido a ser propiedad del Estado, no es tan solo cumplir una promesa solemne y dar garantía positiva a la deuda nacional por medio de una amortización exactamente igual al producto de las rentas,  es abrir una fuente abundantísima de felicidad  pública; vivificar una riqueza muerta; desobstruir los canales de la industria y de la circulación; apegar al país por el amor natural y vehemente a todo lo propio; enganchar la patria, crear nuevos y fuertes vínculos que liguen a ella; es en fin identificar con el trono excelso de Isabel II, símbolo de orden y de la libertad. 
No es, Señora, ni una fría especulación mercantil, ni una mera operación de crédito, por más que éste sea la palanca que mueve y equilibra en nuestros días las naciones de Europa: en un elemento de animación, de vida y de ventura para la España. Es, si puede explicarme así, el complemento de su resurrección política. 
El decreto que voy a tener la honra de someter a la augusta aprobación de V. M. sobre la venta de esos bienes adquiridos ya para la nación, así como en su resultado material ha de producir el beneficio de minorar la fuerte suma de la deuda pública, es menester que en su tendencia, en su objeto y aun en los medios por donde se aspira a aquel resultado, se enlace, se encadene, se funda en la alta idea de crear una copiosa familia de propietarios, cuyos goces y cuya existencia se apoya principalmente en el triunfo completo de nuestras actuales instituciones. [...]
Nada se habría hecho para alcanzar el pensamiento de multiplicar el número de los propietarios españoles, si ya que los bienes de que se trata han de ser aplicados a la extinción de la deuda pública, no se ensanchara hasta el mayor término posible la facilidad de satisfacer el precio de las compras, combinándola de tal modo con la posibilidad de las clases medias, y con las aficiones más comunes de los hombres, que de la misma salga el empuje que avive los deseos de hacerse propietarios. 

Gaceta de Madrid, 21 de febrero de 1836

jueves, 20 de enero de 2011

Tratado de Fontainebleau.



"Art. 1.- La provincia de entre Duero y Miño con la ciudad de Oporto se dará a S.M. el rey de Etruria.
Art. 2.- La provincia de Alentejo y los Algarbes al Príncipe de la Paz.
Art. 3.- Las provincias de Beira, Tras os Montes y la Extremadura portuguesa quedarán en depósito....
Art. 12.- S.M. el Emperador de los franceses se obliga a reconocer a S.M. el Rey de España como Emperador de las dos Américas cuando todo esté preparado para que S.M. pueda tomar este título, lo que podrá ser, o bien a la paz general, o más tardar dentro de tres años.
Art. 13.- Las dos altas partes contratantes se entenderán para hacer un repartimiento igual de las islas, colonias y otras propiedades ultramarinas de Portugal...
...
Convención secreta anexa:
Art. I. Un cuerpo de tropas imperiales francesas... entrará en España y marchará en derechura a Lisboa...
Art. III. Las tropas francesas serán alimentadas y mantenidas por la España...
Hecho en Fontainebleau a 27 de octubre de 1807."

viernes, 5 de febrero de 2010

Textos históricos. Quesnay. Máximas generales.

“Que el soberano y la nación nunca pierdan de vista que la tierra es la única fuente de riqueza, y que es la agricultura quien las multiplica. De la misma manera, el aumento de las riquezas asegura el de la población; los hombres y las riquezas hacen prosperar la agricultura, extienden el comercio, estimulan la industria, acrecientan y perpetúan las riquezas (...).
Que se asegure a sus legítimos poseedores la propiedad de los bienes muebles e inmuebles, ya que la seguridad de la propiedad es el fundamento esencial de orden económico de la sociedad. Sin la certeza de la propiedad, el territorio permanecería sin cultivar.”

F. Quesnay. Máximas generales. 1767.

Textos históricos. Discurso de Luis XV.

"Es sólo en mi persona donde reside el poder soberano, cuyo carácter propio es el espíritu de consejo, de justicia y de razón; es a mí a quien deben mis cortesanos su existencia y su autoridad; la plenitud de su autoridad que ellos no ejercen más que en mi nombre reside siempre en mí y no puede volverse nunca contra mí; sólo a mí pertenece el poder legislativo sin dependencia y sin división; es por mi autoridad que los oficiales de mi Corte proceden no a la formación, sino al registro, a la publicación y a la ejecución de la ley; el orden público emana de mí, y los derechos y los intereses de la Nación, de los que se suele hacer un cuerpo separado del Monarca, están unidos necesariamente al mío y no descansan más que en mis manos."

Discurso de Luis XV al Parlamento de París el 3 de marzo de 1766.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Textos históricos. La Revolución Demográfica.

“La población, si no encuentra obstáculos, aumenta en progresión geométrica. Los alimentos tan sólo aumentan en progresión aritmética. Basta con poseer las más elementales nociones de números para poder apreciar la inmensa diferencia a favor de la primera de estas dos fuerzas.
Para que se cumpla la ley de nuestra naturaleza, según la cual el alimento sea indispensable a la vida, los efectos de estas dos fuerzas tan desiguales deben ser mantenidos al mismo nivel.
Esto implica que la dificultad de la subsistencia ejerza fuerza sobre el crecimiento de la población una fuerza y constante presión restrictiva. Esta dificultad tendrá que manifestarse y hacerse cruelmente sentir en un amplio sector de la humanidad”.

T. R. Malthus. Primer ensayo sobre la población.

Textos históricos. La Revolución en los transportes.

“De las obras y establecimientos públicos para facilitar el comercio de la sociedad.
En primer lugar, de los que son necesarios para la mayor facilidad del comercio en general.

Que sostener aquellas obras públicas que facilitan el comercio de un país, como son los caminos reales, los puentes, los canales navegables, los puertos, etc, han de necesitar diferentes grados de coste y expensas según los distintos períodos de la sociedad, es tan evidente que no necesita demostración. Los gastos para abrir y sostener los caminos públicos de cualquier país no pueden menos de aumentarse con el producto anual progresivo de la tierra y del trabajo del propio país, o con el aumento de la cantidad de efectos que es necesario que se conduzcan y pasen por aquellos caminos. La fortaleza y solidez de un puente habrá de ser también proporcionada al número y peso de los carruajes que han de rodar regularmente sobre ellos. La profundidad y caudal de aguas para un canal navegable no pueden menos do corresponder al número y cabida de toneladas de los barcos que regularmente deben navegar por ellos, Y la extensión de un puerto al número de bajeles que han de fondear y abrigarse en él.
No aparece como indispensable que los gastos de obras semejantes, a lo menos para su conservación, deban obtenerse de lo público (...). La mayor parte de aquellas obras pueden mantenerse de modo que ellas mismas den de sí lo suficiente para su propio coste, sin imponer esta carga al ramo de aquellas rentas públicas.
Cuando los carruajes que pasan por los caminos reales y puentes, y los barcos que navegan por los canales pagan el impuesto de portazgo a proporción de su peso, cabina y toneladas, contribuyen para sostener aquellas obras con una exacta proporción al deterioro y daño que ocasionan. No parece posible hallar un método más equitativo de sostener las obras públicas. Además, este impuesto, aunque verdaderamente lo anticipa el conductor, viene a pagarlo en definitiva el consumidor de los géneros que aquél conduce, pues a él es necesario cargarle el coste en el precio de los bienes vendibles. Pero como los costes de la conducción se aminoran considerablemente por medio de aquellas obras públicas, los efectos no pueden menos de venderse más baratos de lo que se venderían si no existiesen aquéllas, a pesar del impuesto, porque éste nunca levanta tanto aquel género como lo baja la comodidad de la conducción, y de este modo la persona del consumidor, que paga el impuesto, gana más de lo que pierde con este sobreprecio. El desembolso es exactamente proporcionado a su ganancia, y no viene a ser otra cosa que ceder cierta parte de utilidad por sacar otra mayor, con lo cual es imposible imaginar sistema más equitativo de imponer una contribución.”

Adam Smith. La riqueza de las Naciones. 1776.

Textos históricos. La Revolución Industrial.

La Revolución industrial inglesa fue precedida, por lo menos, por doscientos años de constante desarrollo económico (...).
Las principales condiciones previas para la industrialización ya estaban presentes en la Inglaterra del siglo XVIII o bien podían lograrse con facilidad (...).
Hacia 1750 es dudoso que se pudiera hablar con propiedad de un campesino propietario de la tierra en extensas zonas de Inglaterra y es cierto que ya no se podía hablar de agricultura de subsistencia (...). El país había acumulado y estaba acumulando un excedente lo bastante amplio como para permitir la necesaria inversión en un equipo no muy costoso, antes de los ferrocarriles, para la transformación económica. Buena parte de este excedente se concentraba en manos de quienes deseaban invertir en el progreso económico (...). Además Inglaterra poseía un extenso sector manufacturero altamente desarrollado y un aparato comercial todavía más desarrollado (...).
El transporte y las comunicaciones eran relativamente fáciles y baratos, ya que ningún punto del país dista mucho más de los 100 km. del mar, y aún menos de algunos canales navegables (...).
Esto no quiere decir que no surgieran obstáculos en el camino de la industrialización británica, sino sólo que fueron fáciles de superar a causa de que ya existían las condicione sociales y económicas fundamentales, porque el tipo de industrialización del siglo XVIII era comparativamente barato y sencillo, y porque el país era lo suficientemente rico y floreciente para que le afectaran ineficiencias que podían haber dado al traste con economías menos dispuestas.”

E. Hobsbawm. Industria e Imperio.

sábado, 30 de enero de 2010

Textos históricos. 14 puntos de Wilson.

1. Acuerdos de paz negociados abiertamente (...) La diplomacia procederá siempre (...) públicamente.

2. Libertad absoluta de navegación sobre los mares (...)

3. Supresión, hasta donde sea posible, de todas las barreras económicas (...)

4. Suficientes garantías recíprocas de que los armamentos nacionales serán reducidos al límite compatible con la seguridad interior del país.

5. Libre ajuste (...) de todas las reivindicaciones coloniales (...)

6. Evacuación de todos los territorios rusos (...)

7. Bélgica (...) deberá ser evacuada y restaurada.

8. Todo el territorio francés deberá ser liberado (...) El daño hecho a Francia en 1871, en lo que se refiere a Alsacia-Lorena (...), deberá ser reparado.

9. Deberá efectuarse un reajuste de las fronteras de Italia, siguiendo las líneas de las nacionalidades claramente reconocibles.

10. A los pueblos de Austria-Hungría (...) deberá serles permitido, con la mayor premura, la posibilidad de un desarrollo autónomo.

11. Rumania, Serbia y Montenegro deberán ser evacuados (...) A Serbia se le concederá libre acceso al mar (...)

12. A los territorios turcos del actual Imperio otomano se les garantizará plenamente la soberanía (...), pero las otras nacionalidades que viven actualmente bajo el régimen de este Imperio deben (...) disfrutar de una total seguridad de existencia y de poderse desarrollar sin obstáculos.

13. Deberá constituirse un Estado polaco independiente, que comprenda los territorios incontestablemente habitados por polacos, los cuales deberán tener asegurado el acceso al mar (...)

14. Deberá crearse una Sociedad general de las Naciones en virtud de acuerdos formales, que tenga por objeto ofrecer garantías recíprocas de independencia política y territorial tanto a los pequeños como a los grandes estados."

Discurso del presidente Wilson al Congreso de EE.UU.
8 de Enero de 1918

Textos históricos. Declaración Lloyd George

Desde todos los puntos de vista, me parece que debemos esforzarnos por establecer un acuerdo de paz como si fuéramos árbitros imparciales, olvidándonos de las pasiones de la guerra.

Este acuerdo deberá tener tres objetivos: ante todo, hacer justicia a los Aliados, teniendo en cuenta la responsabilidad de Alemania en los orígenes de la guerra y en los métodos de guerra; seguidamente, el acuerdo debe ser de tal manera que un gobierno alemán consciente de sus responsabilidades pueda firmarlo estimando que podrá cumplir las obligaciones que hay suscrito; por último, este acuerdo no deberá tener ninguna cláusula cuya naturaleza pueda provocar nuevas guerras, y deberá ofrecer una alternativa al bolchevismo, porque será para las gentes razonables una solución igualitaria del problema europeo."

Memorandum de Lloyd George,
25 marzo

miércoles, 27 de enero de 2010

Textos históricos. La República de Weimar.

“¿Se podía esperar, del presente enfrentamiento, una victoria decisiva del proletariado revolucionario, se podía dar por sentado la caída de los Ebert-Scheidemann (2) y la instauración de la dictadura socialista? Ciertamente no, si no se tiene en cuenta todos los elementos que determinan la respuesta. Basta con poner el dedo en la llaga sobre la situación actual de la revolución; la falta de madurez política de la masa de soldados que continúan tolerando los abusos de sus oficiales y son utlizados con fines contrarrevolucionarios, sólo esto prueba que la posibilidad de una victoria duradera de la revolución no era posible (…).
Los campos, de donde ha partido un elevado porcentaje de la masa de soldados, continúan estando poco más o menos al margen de la revolución. Incluso Berlín está poco más o menos aislado del resto del Reich. En algunas provincias -en Renania, en la costa del mar del Norte, en Brunswick, Sajonia, Wurtemberg-, los focos revolucionarios están en cuerpo y alma al lado del proletariado berlinés. Pero lo que falla es la coordinación del movimiento, la acción común que diese a los impulsos y a las luchas de la clase obrera berlinesa una mayor eficacia.”

Rosa Luxemburgo. Artículo publicado en el periódico espartaquista Rate Fahne. 14 de enero de 1919.

Textos históricos. El ascenso de los fascismos.

"Pero eso era en 1920: toda Italia se estremecía con la fiebre revolucionaria y muy rápido la cosa cambió de carácter. Los obreros pensaron que había llegado el momento de apoderarse definitivamente de los medios de producción. Se prepararon armados para la defensa, transformando muchas fábricas en verdaderas fortalezas y comenzaron a organizar la producción por su propia cuenta. Los patronos fueron apartados o declarados en estado de arresto. Era la abolición de hecho del derecho de propiedad y el gobierno dejaba hacer porque se sentía impotente para oponerse.
El movimiento se extendia y tendía a englobar a las otras categorías: aquí y allá los campesinos ocupaban la tierra. Era la revolución que comenzaba y que se desarrollaba de una forma, diría yo, casi ideal."

E. Malatesta. Publicado en L 'Umanitá Nuova. 28 de junio de 1922.

lunes, 11 de enero de 2010

Textos históricos. La II Guerra Mundial.

“Auschwitz-Birkenau era un doble campo, tan amplio que solamente la alambrada electrificada que rodeaba a Birkenau (el centro de exterminación), tenía aproximadamente doce kilómetros; cada uno de los campos, uno a cada lado del ferrocarril, medía unos siete kilómetros cuadrados (...) Torres de vigilancia se levantaban a intervalos regulares a lo largo de la alambrada electrificada. Estas torres estaban dotadas de guardias armados de las SS y de la Waffen-SS. Disponían de reflectores que iluminaban las instalaciones por la noche.
Las cámaras de gas y el crematorio esperaban a aquellos que habían sido rechazados en la selección para el trabajo. Éstos eran los viejos, los débiles, los tullidos, todos los que presentaban algún síntoma de desorden mental, mujeres embarazadas y todas las mujeres con hijos hasta unos catorce años de edad (… )
Los hombres y las mujeres aptos eran conducidos en formación y desnudos, numerados mediante tatuajes y vestidos con un sucio uniforme de presidiario. Su alejamiento en el futuro serían los atestados barracones de madera.
Los prisioneros que debían morir eran llevados a las cámaras de gas en los camiones.
Las antesalas de las cámaras de gas estaban disimuladas, aparentando ser unas casas de baños (…)
El Sonderkommando [la brigada especial que se encargaba de este "trabajo"] regaba los cadáveres apartándolos y cargándolos en plataformas, que los descendían a los crematorios que estaban en la parte inferior. Allí se realizaba la última profanación: los dientes de oro eran arrancados de las mandíbulas yertas con alicates e introducidos en recipientes con ácido, y el cabello que podía ser aprovechado era afeitado de las cabezas de las mujeres.”

VV.AA. Historia Contemporánea.

Textos históricos. La II Guerra Mundial.

“Las ejecuciones en masa por gas empezaron en el curso del verano de 1941 y se prolongaron hasta el otoño de 1944. Yo controlaba personalmente los ejecuciones en Auschwitz (...).
Por “solución final" se entendía el exterminio de todos los judíos de Europa. Tenía orden de dejar en disposición de funcionar los procedimientos de exterminio en Auschwitz, el mes de junio de 1941 (…) Había visitado Treblinka con objeto de ver la forma en que allí se llevaba el exterminio (...). El comandante del campo me dijo (..) que había empleado gas monóxido y, en su opinión, sus métodos no eran muy eficaces. Así pues, una vez mandados construir los edificios de exterminio, decidí emplear el Ciclón B, ácido prúsico cristalizado que introducíamos en la cámara de gas por una pequeña hendidura. Para matar a las personas que había dentro de la cámara de gas se requerían de tres a quince minutos, según las condiciones climatológicas (...). Ordinariamente esperábamos media hora para abrir las puertas con objeto de sacar los cadáveres. Una vez estaban fuera, nuestro comando especial se apoderaba de los anillos y dentaduras de oro de los cadáveres (…).
También, de vez en cuando, se realizaban experimentos con los prisioneros; entre ellos, la esterilización y experiencias relativas al cáncer. La mayoría de personas que morían a consecuencia de tales experimentos habían sido previamente condenadas a muerte por la Gestapo (…).”

Declaración de Rudolph F. Hoss, comandante del campo de Auschwitz, ante el Tribunal de Nuremberg en 1945.